El origen de la violencia

CrimiTalk dirigida a estudiantes universitarios de cualquier universidad española y celebrada el 27 de mayo del 2026 presencialmente en Barcelona. A través de Internet, se conectaron en directo alumnos de la Universidad Católica Luis Amigó, de Colombia. Desde Colobia participaron 13 personas, mientras que presencialmente en Barcelona hubo 17 asistentes, 7 chicos y 10 chicas estudiantes de psicología, criminología o derecho.

Hace unos días organizamos una CrimiTalk para estudiantes universitarios sobre una pregunta que parece simple, pero que probablemente sea una de las más difíciles de responder en criminología, psicología y derecho:

¿Por qué algunas personas ejercen violencia y otras no?

Durante la sesión hablamos de experiencias adversas en la infancia, pobreza, violencia estructural, trauma, personalidad, genética, resiliencia y sistemas punitivos. Pero, sobre todo, hablamos de algo que muchas veces se pierde en el debate público: la violencia rara vez tiene una única causa. Vivimos en una sociedad que necesita respuestas rápidas. Cuando ocurre un crimen, buscamos inmediatamente una explicación simple: “tenía problemas mentales”, “venía de una familia desestructurada”, “era violento desde pequeño”, “la culpa es de las drogas”, “la culpa es de la inmigración”, “la culpa es de internet”. Pero la realidad humana casi nunca funciona así.

Imagen: Estudiantes de la Universidad Católica Luis Amigó conectados en línia con nuestra sala en Barcelona.

Uno de los aspectos más interesantes de la CrimiTalk fue precisamente observar cómo estudiantes de contextos culturales distintos llegaban a conclusiones muy similares: la violencia no puede entenderse únicamente desde el individuo. También intervienen factores estructurales, culturales, económicos y políticos. Los estudiantes de la Universidad Católica Luis Amigó hablaron mucho del abandono institucional y de cómo ciertos contextos sociales generan violencia estructural. Surgió la idea de que muchas sociedades solo reaccionan cuando la violencia ya ha explotado. Es decir: actuamos cuando aparece el delito, pero prestamos mucha menos atención a todo lo que ocurrió antes. Otra cuestión que generó mucho debate fue la relación entre violencia y contexto. Algunas personas comentaban que vivir rodeado de naturaleza podía favorecer una vida menos violenta. Sin embargo, los estudiantes colombianos aportaron una visión mucho más compleja: recordaron que también existen violencias muy intensas fuera de las ciudades, especialmente en zonas atravesadas por conflictos armados.

Sobre la pregunta inicial, la mayoría de estudiantes coincidió en algo fundamental: sufrir violencia no condena automáticamente a reproducirla. Algunas personas desarrollan conductas violentas. Otras desarrollan problemas de salud mental, autolesiones o sufrimiento internalizado. Otras consiguen construir vidas completamente alejadas de la violencia. Y ahí apareció una palabra clave: resiliencia.

A veces imaginamos la resiliencia como una especie de fuerza individual mágica, pero muchas investigaciones muestran que las relaciones humanas seguras y el apoyo emocional pueden cambiar completamente una trayectoria vital.

También hablamos de una pregunta que apareció en el vídeo que utilizamos para la actividad:

“Is the universe a friendly place?”

Puede parecer una pregunta filosófica, pero en realidad tiene muchísimo que ver con la violencia. La manera en que una persona percibe el mundo influye en cómo interpreta las intenciones de los demás. Si alguien crece pensando que el mundo es hostil, es más probable que vea la hostilidad en el mundo. En cambio, sentir que existen personas en las que se puede confiar puede modificar profundamente la forma en la que nos relacionamos con los demás.